jueves, 11 de febrero de 2010

La familia como capital social



Escribo estas líneas para expresar el profundo sentimiento de malestar, desanimo e impotencia que en ocasiones sentimos muchos docentes en relación con las cada vez más frecuentes actitudes de  incomprensión, desconfianza, desautorización y en muchas ocasiones faltas de respeto y hasta de amenazas y denuncias , que sufrimos por parte de algunos padres, en desacuerdo y molestos con las prácticas docentes del profesorado, simplemente por el hecho de no renunciar a nuestra función de “educadores”, corrigiendo las conductas negativas.

 

Generalmente se trata de familias que son citadas y acuden al centro para comunicarles los problemas de convivencia y disciplina que muestran sus hijos en el centro. A menudo los conflictos tienen su origen en conductas disruptivas , diversas y reiteradas que impiden y perturban el normal desarrollo y aprovechamiento de las clases. En su mayoría son estudiantes desmotivados y que rechazan la escuela, estando obligados a permanecer en ella hasta la edad de los 16 años. Alumnos que con el paso del tiempo comienzan a mostrar conductas negativistas desafiantes en su relación con los adultos.

 

Pienso, por los casos que conozco,  que en general se trata de familias que quieren justificar el fracaso en la educación de sus hijos, culpabilizando al profesorado de la situación, achacándoles a éstos actitudes discriminatorias y falta de atención a las necesidades personales. En muchos casos observamos que de nada valen las actuaciones preventivas, orientaciones de tutores , su comprensión,  paciencia , ni la palabra de los profesores, ya que no se le otorga ningún crédito , ni valor. Tan sólo parecen escuchar y creer la historia que sus hijos quieren contarles, en muchos casos totalmente opuesta . Padres para quienes la versión que pueda ofrecer el profesor es considerada  equivocada y en muchos casos interesada, sin pensar en el daño que ese momento están causando.

 

Considero lamentable que hechos de este tipo empañen la imagen del profesorado y creen una sensación de desánimo y pesimismo en aquellos que por vocación se dedican a formar a las generaciones más jóvenes, transmitiendo la cultura y los valores democráticos.

 

Alguna de las lecturas que podemos efectuar sobre lo descrito anteriormente es por un lado la actual falta de consideración social del profesorado y de la escuela en nuestro país. A pesar del compromiso tanto personal, como colectivo de algunos centros en la formación y mejora de la calidad escolar, sigue habiendo una conciencia social contraria y desfavorable a la contribución social que la escuela desarrolla silenciosamente en la formación integral de las próximas generaciones.

 

Se hace cada día más necesario e imprescindible la llamada realizada por el filósofo José Antonio Marina a la Movilización Educativa de la sociedad civil , y que queda resumida en un viejo proverbio africano que dice: “Para educar a un niño hace falta la tribu entera”.  Efectivamente los padres solos no pueden educar a sus hijos, y tampoco los docentes solos podemos educar a los alumnos. Asimismo la sociedad necesita la ayuda de los padres y del sistema educativo para educar a sus ciudadanos.” Claro está que para que esto sea posible es necesario que todos asumamos la responsabilidad propia. También se hace imprescindible que queramos ponernos en el lugar de los demás, comprendiendo la perspectiva del otro. Y no queda otro camino que el del diálogo y la comunicación para solucionar las posibles discrepancias y conflictos que inevitablemente sucedan.

 

Siguiendo a Fernando Savater en su libro “El valor de educar” leemos lo siguiente: “Para que una familia funcione educativamente es imprescindible que alguien en ella se resigne a ser adulto…El padre que no quiere figurar sino como el mejor amigo de sus hijos, sirve para poco; y la madre , cuya única vanidad profesional es que la tomen por hermana ligeramente mayor de su hija, tampoco vale mucho más. Concluye Savater afirmando que “cuanto menos padres quieren ser los padres, más paternalista se exige que sea el Estado”, llega a afirmar que todo esto está provocando una “crisis de autoridad familiar” con lo que esto supone de pérdida y de renuncia , ayudando a crecer a los hijos en el respeto a los demás y en el valor del esfuerzo. Por último la ausencia de esta socialización familiar complica doblemente a la escuela haciéndola responsable de elementos de formación básica de la conciencia social y moral de los niños y adolescentes.

 

Para terminar consideremos la Teoría del Capital Social-Familiar  de Coleman que explica como una familia puede presentar escaso capital financiero o económico, incluso puede no tener capital humano (años de escolarización escolar y nivel de estudios), sin embargo puede poseer un elevado capital social (tipo de relaciones y estructura familiar) que favorezca un gran éxito educativo.

 

 

 

 

 

 

 


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